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Las formas tempranas de comunicación

La experiencia cotidiana nos muestra como un niño inicia el proceso de comunicación mediante el llanto, de esta forma, demanda la atención de su madre y satisface sus necesidades básicas tales como alimento, aseo y contención. De ahora en más implementará un sistema comunicativo para integrarse a la vida en sociedad, que tendrá como finalidad regular su conducta y la de los otros.

Alrededor de los seis meses, el bebé comienza a emitir signos preverbales con la intención de generar un espacio dialógico con sus figuras de crianza. En este proceso de aprender el habla, los actos articulatorios vocales, llegarán a producir emisiones sonoras coincidentes con la lengua materna. Recordemos también que el ritmo, la entonación y los silencios en el discurso, brindarán sensaciones temporales y espaciales que formarán el lenguaje interior de ese individuo.

El papel de los adultos en la estructuración del lenguaje es fundamental ya que facilitarán el vínculo de los niños con los objetos, ofreciéndole la visión y la manipulación de los mismos. Los padres sumarán además, distintas experiencias e ideas nuevas en algunos momentos de la rutina diaria. Estos hechos cotidianos, casi involuntarios serán aquellos que organicen las funciones cerebrales superiores.

El lenguaje nos permite categorizarnos como humanos e introducirnos a un mundo simbólico.

El amor, las caricias, las miradas, el sostén, el mecimiento, el olor y las palabras, crean una comunicación emocional y afectiva fundamental para la constitución de la función de apego.

¿Qué pasa entonces si una madre no es sostenida?

¿Qué sucede si un contexto social y culturalmente adverso, no permite bases seguras de crianza?

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